28/7/12

el gato naranja - noticiero poético para américa latina




 PAIS DE CINTAS ROJAS




POEMAS DE 


RAFAEL URREA SOTO
Selección especial. 




"Nad"  y  "E" en 16 mm.


                                         Para Nadie "El Tóxico"
                                         Para Juan Carlos Navarrete


Yo iba a buscar tu casa 
en la cima de la montaña blanca, 
eras aficionada a salir, 
a mirar hacia donde otros tienen miedo, 
esperaba  que la música cambiara las cosas 
y el músico se tragó a pedazos la guitarra.

Desde entonces a tu casa le llamo “Tráfico”, 
un lugar donde llegan las líneas invisibles, 
por el que pasan todos los hombres
y nadie los vuelve a ver. 

¡Pido a los extraviados! 
¡Saquen su lengua de una vez! 

Quiero verles 
la marca que has dejado en sus palabras.

En la primera foto una escena de guerra, 
un niño saltaba sobre un sólo pie,  
pude ver su reflejo en las vitrinas.

La muchacha del barrio se fue con los paras, 
el día de su muerte, 
una flor violeta le creció entre las manos.

Y ellos esculcan el pasado 
confunden a la gente con sus armas, 
aquí, una escena de  muerte, 
los desplazados caminan sin saber si llegarán. 

El hospital arrastra sus gasas, 
puede atropellar al señor del abrigo negro, 
en la estación suena una triste tonada.

Boletín: 
13 jóvenes entre los catorce y diez y nueve años, 
murieron ayer en una masacre
perpetrada en una esquina 
del barrio señora María, 
la masacre no tiene culpables, 
sólo muertos…

A la par la esquina es un hueco
lleno de mujeres que gritan 
-      “agua para mi cubo”, 
en la noche todo está medio dislocado,
la gente  corre a esconderse.

Los solitarios gritan para adentro, 
se hacen señas con las manos 
untadas de barro, de tierra, 
de parafina, de gusanos, de frío, 
la ciudad es una orquesta desconectada.

Ven y mira, son viejas fotos 
que te dicen algunas mentiras, 
de la desaparición de alguno 
que ya ni siquiera pertenece a los recuerdos.

Todo huele como el armario de la abuela, 
un poco de alcanfor,
una gota de agua florida en su mesa de noche.

Esta carta sabe al amor, 
tu piel siente como estalla el paisaje, 
suenan las selvas, los hombres apagan las cenizas, 
apareces entre el humo que arde en mis ojos.

Nombre: N.N.  Desconocido 

¿Qué importa la foto del lugar donde le enterraron?

Mira, mi país ha inventado una Masacre 
en blanco y negro.


Del libro PAIS DE CINTAS ROJASRAFAEL URREA SOTO. Editorial el gato naranja, Publicaciones editorial Universidad de Caldas 2004



En un país de cintas rojas

Siempre, con mi mejor amigo,
voy a pasear para conocer la canción de la avenida.

Cuando los autos pronuncian su lenguaje de latas y carbón
una mujer rompe el paisaje y se acerca con su color anaranjado.

Verán ustedes.  

¡Mi profesión es la de agredir el lienzo
para que salga algún tono de color!

No disfruto de la compañía  de fáciles paisajes azul cielo
me producen tanta tristeza que no la puedo disimular.

De todas maneras quiero llevarte al país lejano,
donde te mirarás a tu antiguo espejo,
quedarás atrapado en tu reloj.

Tengo un poco de color 
para regar en las paredes prohibidas
inventar que lidero una guerra inconclusa,
también ser tu amigo.

...rememos al país de las cintas rojas...



Tu cara de lluvia reciente

                                      
                                            "Lo que se queda quieto caerá,
                                             pero lo que se mueve
                                             permanecerá,  para siempre." 
                           
                                                         BASAVANA

Todo está quieto
no queda nada
todo en silencio
como se esperaba
el rostro muerto
la lluvia reciente.

Prefiero los muertos ajenos
de los nuestros muchos caen,

Hace tiempo o quizás ayer.

Se decía, ¡Alguien dijo! ¡Aún se dice!
Que "El pueblo unido
jamás será vencido."

Y los muertos
 ¡cárgatelos!



La mujer es multitud

Aquí el humo de los valles que desaparecen
aguijones de fuego caen sin cesar,
se cubren, se descubren.

Un halo de color brilla sobre las cabezas
de las pequeñas, las inocentes ríen,
también deben llorar.

Yo canto por las que entre la selva lloran.

Los ríos ven pasar procesiones de hombres
que llevan en la espalda su miseria.

¡La mujer es multitud!
es lo único que nos queda
las madres crían a los niños,
sus pechos secos.

Vienen a caminar por sus hijos perdidos
su lamento ya se conoce.

La mujer es multitud
en sus manos crece la libertad.



Y en este nuevo siglo

Vivir es estar de revuelta
resistiendo el embate de las balas,
el miedo nos gobierna.

Y hay quienes van a la guerra 
vuelven cargados de sonrisas 
las de los muertos, 
las de los cadáveres 
regados en extensos salones 
de hospitales e iglesias. 

En este nuevo siglo todo se revuelve, 
cabe en la moledora cualquier objeto o territorio. 

Armas invisibles hacen vomitar el ganado 
en los campos el arroz no crece.  




Crack, crack


Si camina como errado
atraviesa la avenida
vuelve al túnel

Ya no le oirán renegando 
porque llueve mucho. 

Se hace tarde  
el aire pesa
la música suena fuerte
no soporta la calle. 

¿Quién quiere salir?


  

Plumillas de Fernando Fernández



El cielo rojo de los campos quemados

Sobre un campo sin fin
acumulados como chatarra humeante
reposan los restos de los muertos.

Acumulados rostros de hierro
cansados y frágiles rostros
de los malechores.

¡Exterminadores del lustro!

Aquí gritan "el arte"
se agachan todos.

La mujer lanza fuego por la boca
el encantador de serpientes
serpentea en su avena de tanques de guerra.

El dictador con su boquita
aún untada del ponqué de la fiesta
celebra con un himno destemplado
cómo ha caído el último
en la boca de fuego.

Hoy voy a hacerlos notar 
a los asesinos de todos los días,
escapa como un ladronzuelo el poema.



No vendrán nunca más

Vinieron por los hombres,
después por los ancianos,
más tarde pasaron por las reses y las gallinas.

Volvieron por la cosecha de maíz
y algunas niñas para sus oficios.

Pasaron un sábado y se llevaron a las mujeres
mataron a algunas delante de sus niños, 
quemaron el rancho.

Y en dos han partido sus cráneos,
desorbitado sus ojos. 

Los restantes viajaron a las grandes ciudades,
en donde el hombre, hambre,
le da de comer tierra a los niños,
pega de zapato a los adolescentes.

Hombres y mujeres corren encendidos
regando su fuego entre la selva.

Cuando caen ya no queda nada de sus rostros. 
El otro día se abre cuando caen
como una garganta roja.






El gesto detenido

                    Para Nadie, el Tóxico.


Ya vienen con sus rostros mudos
los muchachos de la estampida
todos puestos en fila
como una colección de niños tristes
¿Y quién los ha matado?


Siempre vienen aquí 
señoras con un rostro amarillo
impreso en las fotografías 
a pesar de sus pies confundidos 
no les queda más que una ventanita abierta 
desde donde les gritarán:
¡Están confundidas en el fondo del cuadro!

Todos salieron un día a correr por las avenidas
con unas largas cintas rojas
que decían el gesto de un país

y  las cintas eran viento y el dolor era el viento que llamaba
-Cúrala, sana con amor a la muerte,
préstale el más fino aroma
la flor azul de la mañana.

Para que te confundas con la lluvia del lunes
lávate con la noticia matinal
recuerda que ya vienen los niños
a cobrar su parte.




Canción



Así como en el tiempo 
de los campos regados de flores
no entiendo
se va la voz y el trino 
el ala de la mariposa se detiene.

Y vas buscando una respuesta 
una respuesta al dolor que nos confunde.

Ya amanece en los cementerios vacíos,
no quedan enterradores 
ni madera de ataúdes.

Así como en el tiempo
de los campos regados de flores
no entiendo

Se va el cadáver por el río,
su nombre escapa a la memoria…

Y vas camino a casa
ya  no te quedan ganas.

¡Vive como el árbol que espera
a ser tu morada final!



Biografía de mercurio

Zona tórrida
señal uno:
Una tropa infinita lanza fuego

Señal dos:
Se reserva el estado de las víctimas.

Un hombre común canta frente a la tragedia:
Me extraña que existas
y aún extermines así a mis hermanos.

Estoy  escribiendo la historia
de una tierra nueva,
Mercurio en zona tórrida
ya han desaparecido suficientes. 




Traigan el altavoz

(...) emencia. Por eso los otros, los silenciados por siempre, deben escuchar estos cantos y ver esas banderas que se alzan presurosas anunciando: Hay otro sol.

Los hongos radioactivos no son un invento nuevo y ya estamos cansados del apocalipsis. Han traído la mordaza, siempre la mordaza y la gasa negra en los ojos. Mientras tanto niños huérfanos lloran  en su largo viaje entre las estériles ciudades que no les dan sino su frío. La calle es una boca torcida que afila contra nosotros sus magníficos dientes. 

No nos quedan calles, entonces ¿qué hacemos? vamos a escondernos del alcanfor. Afuera la calle inundada de hombres cucaracha, mitad animal, mitad fósil. ¡Alisten sus antenas hermanos!  apenas comienza la quema de basura, levanta la voz, no los pierdas,  ojo cayó otro,  sabe a triste noche este atardecer, bien,  despídete  con un ...




La campana no cesa de sonar

El río de sangre crece hasta el cielo
el círculo está quieto
esas mariposas grises
no vuelan hacia nosotros
las tristezas quietas no se quedarán.

No se quedarán y seguirá el desfile
de rostros demacrados
y tú esperarás detrás de la cortina
desde donde acusas con rabia,
¡Que pase el desfile del horror !

No va a pasar,
y entran en tu cabeza
como hierros encendidos
cada vez más campanas.

Es el día del eterno banquete
las larvas tienen lo suyo.

Ya  pasará
el sol,
vas a estar ahí
todavía,
esperando.




Abril otra vez

Adentro de las tabernas
los muchachos de menta
cantan una tonada feliz.

A los que ya murieron
¿quien escuchó su última palabra?
¿Quién la escuchó?

Anuncio a siete vientos:

Vamos a hacer sonar
esos astros feroces
que disparan a la frente
como si fueran las siete flautas
de pan.



La chaqueta de mi amigo

                               En memoria de  nuestro poeta, amigo 
                               y como el mismo se llamara
                                "Deprontosaurio": Juan Carlos Navarrete   
                                            
Esta es la historia del fusilado 
trae el aliento de sus últimas luchas.

Corre a la estación
ve a despedirlo
él se irá y no volverá.

Ve con tu rostro
recién lavado
mírate antes
a tu espejo cruel.

Recuerda
el final es consuelo de cobardes.

Y si eres un ángel, 
cuando mueras regresa,
pon la pólvora en orden.
Escapa.



Retrato del ciego


Me fugo sobre el dedo partido
cubierto de pétalos negros
cuento los cirios, salen moscas.

Un niño
dientes amarillos
mastica una flor púrpura.

Se mueven las palabras
se han roto los ojos

Y voy por el sendero
del pájaro de noche
la cabeza abierta en dos
y el sonido de la ciudad estallando los vidrios de los autos.

Rememos al país de las cintas rojas.




Entra la letra


Un hombre alargado
sale del fondo
de una boca.
      
La letra
se pinta de frente      
en el muro
de la verdad
donde son castigados
fusilados
los inocentes.      

Con tinta de muerte 
se escribe la historia    
en los muros blancos.  



Y fueron atraídos a las redes


Este es el mensaje que dejó el señor Mo 
al lado de las escamas del pescado 
en los días de subienda.

Aparecía una encantadora de hombres
entonando canciones que no conocimos 
en su bolsa de hilo
llevaba los encantamientos 
su voz se mezclaba con el sonido del agua.

Cuando terminaba la subienda
los pescadores tocaban un ritmo triste 
recordando a los extraviados.

Aparecen en campos vacíos
los atraídos por estas frescas palabras 
a la mayoría de ellos les falta la lengua. 



Caen encendidos

Pueden decirse muchas cosas,
el amor, la muerte.
Cuantas veces te grito
así se desangra mi hermano

Cuantas veces murmuro 
caen encendidos, caen encendidos.

Vas a decir, cuidado,
el aire es un habitante peligroso

la luz, más.

Se renueva, se renueva

y canta al ritmo de bombas y metrallas
se renueva, se renueva.





Una banda negra 
en primera página 


El que reparte los periódicos

vocea en la calle:
No! Las noticias no puede gritarlas
son su reserva.

Es más fuerte que el último folletín de la noche.

Camina en silencio 
sabe que esas palabras
no vendrán nunca más.



El cuarto  


Las sábanas
el agua de vidrio, el viento frío.


Llegó la tarde con su sol encerrado

llegó el aliento y la piel
flotando sobre el aroma.

Los ojos se embriagaron, el metal de los días 
corrió líquido entre los dedos.

Bajaron de improviso minutos de muerte
el musgo de carne crecido en las heridas.
Cada cual se ahogó sin pensarlo
en el cuarto sobrante.




Dado 


Mientras gira ves a un niño sentado entre los puntos 
juega el niño con el hilo, con una granada.

Hay en las noches un sonido de llantas de carros
sobre el piso mojado, un río de agua sangre 
se mueve como un reptil buscando salida.

Señores. Digo ejemplo de la época fallida:
Todas.

Todavía cruzan los cielos motores incendiados
como hormigas corren entre el humo, el que
nubla los lugares donde se suponen los límites.

Cruza el niño quemado con napalm
el que perdió sus ojos
el que mira el horizonte
como sin mirar.
Cruza el niño del fúsil
y el caído también
y  todos ríen.

¡Hay un cielo rojo
que nos pertenece!



Biografía de Mercurio


Zona tórrida señal uno: Una tropa infinita lanza fuego 
Señal dos: Se reserva el estado de las victimas. 

Un hombre común canta frente a la tragedia: 
Me extraña que existas y aún extermines así a mis hermanos.

Estoy escribiendo la historia
de una tierra nueva.

Mercurio en zona tórrida 
ya han desaparecido suficientes.
  


Todas las noches

Se apagaron las lámparas  de mercurio
las mujeres corrían ataviadas con ropas negras,
eran hordas de llanto y queja como una fabrica 
de ojos cerrados que nunca duerme.

Se apagó el desfile militar
los aviones del norte también se apagaron
se interrumpieron las ondas hertzianas
-No está al otro lado-

Alto.

En silencio
escuchamos las detonaciones.

La ciudad se lamenta
de sus barrios en ruinas
después de la hora de las bombas.
Esta obra es larga para los temerarios
¿Cuánta pólvora hay?
¿Cómo envenenas la época?

No es tarde en los suburbios
ni en el centro, ni en el club
¿Qué vas a ver hoy?

Y los ciudadanos sin nombre
dejan su reflejo en las construcciones
de cristales y plásticos, y no escuchan
que todas las noches se renuevan
para degollar al que canta como un niño. 




Del libro PAIS DE CINTAS ROJAS RAFAEL URREA SOTO / EDITORIAL el gato naranja, Centro Editorial Universidad de Caldas. 2004 Publicado por REVISTA DE POESIA el gato naranja - summa de poesía contemporánea - Julio 28 de 2012  Re-edición  de la entrada (Nueva época. Nro. 2 Enero - Febrero 2011.)  La revista de poesía el gato naranja fue fundada en 1992






PAIS DE CINTAS ROJAS
De la muerte, del amor y de la vida.

Por JAIME EDUARDO JARAMILLO



Portada. Obra gráfica de FERNANDO FERNANDEZ. Plumillas 2004 
                                                                                  Diseño de portada Jessica Zambrano.

“País de cintas rojas”, de Rafael Urrea Soto, constituye un lancinante testimonio, dolorosamente bello –escrito con sangre, pero también con esperanza,- de una circunstancia colectiva en donde el crimen es oficio cotidiano; la injusticia, ocurrencia de todos los días; el miedo y la incertidumbre, circunstancias familiares. Las Furias, esta vez con rostro humano, se pasean a sus anchas, como seres vengadores y atrabilarios, para asolar sin misericordia un país sufrido y devastado.

Este texto, no es sólo una simple acumulación de poemas, sino que posee una estructura convincente, meditada. Se halla escrito con una dicción poética más decantada y madura, dotado de una estructura y un ritmo más personales que obras anteriores del autor. Se halla visitado por imágenes poéticas perdurables, para refigurar una tragedia colectiva que, a fuerza de repetirse cotidianamente, parece esfumarse en las imágenes instantáneas del noticiero televisivo, o en la penumbra del asustado comentario. El arte, la poesía, la palabra (¡siempre la palabra!), acuden para gestar una memoria necesaria que se enfrente a la impunidad y el olvido. Así, Rafael Urrea es capaz de crear belleza del horror. ¿No ha sido siempre éste uno de los cometidos del arte, testigo e intérprete de todos los excesos y desvaríos del ser humano?
La tragedia de las violencias colombianas, que como las cabezas de la hidra mitológica, parecen renovarse incesantemente, nos recuerdan el gran drama de Esquilo, La Orestiada. En esta estremecedora tragedia, Las Furias “sin rostro humano”, buscan desatar la destrucción en el país, “nunca hartas de la sangre de esta raza”. A cada nuevo crimen –escribía el gran trágico- afila el destino en la piedra de otro nuevo crimen”. Como en Colombia, como en País de cintas rojas es la muy antigua ley del Talión, “ojo por ojo, diente por diente.”

El cine y la poesía se constituyen en dos actividades artísticas esencialmente definitorias de nuestro autor. En País de cintas rojas,  estas dos pasiones del creador, que constituyen también dos formas de sensibilidad, percepción y recreación de la realidad, se presentan en forma complementaria e interfecundante. Poesía visual y auditiva, País de cintas rojas nos conduce en una áspera travesía por un infierno, ¡ay!, demasiado cercano y contemporáneo, en una geografía y una atmósfera ominosas, cenicientas, sombrías. Pobladas de seres moralmente contrahechos, de verdugos de sus hermanos, de malhechores orgullosos de sus tropelías sin nombre. De alguno de estos verdugos escribe el poeta, para que el lector, a su vez, pueda refigurar, como en un cine negro, estas descripciones líricas:

Y viene a la ciudad
donde el brillo de la calle
es un astro derrotado
un haz se percibe en el vidrio
la muerte ronda.”

El creador evoca imágenes vividas, citadinas, infaustas, por desgracia muy comunes en nuestro país, dese hace muchas décadas:

“Se va el cadáver por el río,
su nombre escapa a la memoria.”

Y como un presagio y una oscura confirmación de tantos atropellos, desórdenes e injusticias, otra vez en convincentes imágenes visuales, escribe:

“El ala de la mariposa se detiene
(…) Animales y plantas se mueven bajo una capa seca.”

Visiones, pero también ruidos, como en una secuencia cinematográfica, invaden algunas de estas páginas:

“Hay en las noches un sonido de llantas de carros
sobre el piso mojado, un río de aguasangre
se mueve como un reptil buscando salida.”

Pero Rafael Urrea, para continuar con las evocaciones de la mitología griega (que nos regala arquetipos perdurables, propios también para dar cuenta de nuestra vida contemporánea), no es Casandra. Su libro, es cierto, nos habla del espanto y el horror, de la violencia sin nombre, pero también aletea en él, la esperanza. Aparece en estas duras páginas, como no, la muerte, en muy diversas y horripilantes expresiones. Pero también entra en escena la vida, la testaruda, la empecinada vida. Como en el poema de Miguel Hernández, en este denso universo lírico nos golpena al unísono, las heridas de la muerte, del amor y de la vida. Así el poeta exclama:

“Cúrala, sana con amor a la muerte
préstale el más fino aroma
dale el hijo más tierno
la flor azul de la mañana.”

Siempre hay quienes se resisten a la indignidad, la violencia, la complicidad:

“Ya estamos cansados
algo se mueve al fondo
alrededor también.”

Los muertos, también pueden ser una fuente de inspiración para quienes los sobreviven, puede constituirse así, en semilla de vida. En este sentido, Rafael Urrea evoca a su coterráneo, al poeta y periodista Orlando Sierra. Vilmente asesinado por decir la verdad, sus verdades ineludibles y valientes, como lo hacían los vates antiguos, o los profetas bíblicos:

“Hoy en el país de la inconciencia
no te escucharán,
ni lo que digas
ni lo que pienses
(…) No te escucharán
No te hagas matar por eso.”

Pero también resisten los vivos, aquellos y aquellas que no quieren claudicar, ni hundirse en el silencio cómplice:

“La mujer es multitud, es lo único que nos queda
(…) La mujer es multitud
en sus manos crece la libertad.”

En épocas anteriores se abusó en Colombia y en todo el continente, de la poesía política, militante, “comprometida”. Con frecuencia la imagen era sustituida por el epíteto y el testimonio literario por el insulto. Muchas veces el relato de hechos escuetos, sustituyó la refiguración poética de la realidad. Estos excesos pudieron generar una reacción igualmente unilateral. Así, para poetas recientes la poesía no debe ocuparse de esas facetas sombrías del ser humano. Pero la violencia y el atropello, el genocidio y la mentira, han sido constantes del devenir de nuestra especie, como lo han sido, igualmente, la aspiración religiosa, o las distintas expresiones del amor. Angeles caídos, hombres y mujeres nos debatimos en el claroscuro de nuestra humana condición.

La palabra poética es por definición, omnicomprensiva. En este texto, el autor recrea una faceta triste y dolorida de nuestra patria, de nuestras gentes, sin incurrir en la manida poesía de pancarta, o en la consigna partidista. “País de cintas rojas” constituye un estremecedor testimonio lírico de una circunstancia funesta, de personajes aciagos y de sucesos siniestros que, por desgracia, han hecho parte y lo continúan haciendo, de nuestra vida cotidiana.


JAIME EDUARDO JARAMILLO Manizales, Caldas. Doctor en Sociologia y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Complutense De Madrid. Profesor titular emérito, de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido Director del Departamento de Ciencias Humanas y e investigador del Centro de estudios sociales la Universidad Nacional de Colombia. Autor de TIPOLOGÍAS POLARES, SOCIEDAD TRADICIONAL Y CAMPESINADO.1987 ESTADO, SOCIEDAD Y CAMPESINOS 1988 AMERICA LATINA MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD 1996 Coautor de COLONIZACION COCA Y GUERRILLA 1989. CULTURA MEDIOS Y SOCIEDAD 1998  “CULTURA, IDENTIDADES Y SABERES FRONTERIZOS”: MEMORIAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL NUEVOS PARADIGMAS TRANSDISCIPLINARIOS EN LAS CIENCIAS HUMANAS.” Jaime Eduardo Jaramillo Jiménez (compilador) Otros autores: Juanita Barreto Gama, Ramiro Delgado Salazar, María Elvia Domínguez, Ángela María Estrada Mesa, Alberto G. Flórez Malagón, Andrés García Becerra, Alejandro Jaramillo Hoyos, Jaime Eduardo Jaramillo Jiménez, Myriam Jimeno, Martha López Castaño, Fabio López de la Roche, Fortunato Mallimacci, Jesús Martín-Barbero, Aurora Morcillo, Mauricio Pardo, Rebeca Puche Navarro, Jaime Ramos Arenas, Andrés Salcedo, Fabián Sanabria, Yalile Sánchez & Rita Laura Segato.  Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. 2005

CULTURA, POLÍTICA Y MODERNIDAD. Gabriel Restrepo, Jaime Eduardo Jaramillo & Luz Gabriela Arango (editores)Otros autores: Hans Ulrich Gumbrecht, Nelly Richard, Carlos Monsiváis, Margarita Garrido, Ute Seydel, Gabriel Restrepo, Santiago Restrepo, Zandra Pedraza Gómez, Arcadio Díaz Quiñones, Gilberto Loaiza Cano, María Cristina Rojas de Ferro, Myriam Jimeno, Jorge Iván Bonilla & María Eugenia García Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. 1998. UNIVERSIDAD POLITICA Y CULTURA – La rectoría de Gerardo Molina. 2007






el gato naranja

noticiero poético para américa latina

Director:  Rafael Urrea Soto.  Comité editorial : Mauricio Trujillo,  Andrés Quintero, Víctor Gaviria, Juan Diego Velásquez Romero, Jandey Marcel Solviyerte,  Carlos Calle Archila,  Jaime Eduardo Jaramillo, Carlos Mario Uribe,  Edgar Gonzalez QuinteroRaúl González, John Henry Orozco, Héctor Jaime Carvajal, León Darío Gil, Fernando Cuartas, Ulises Giraldo y Mario Armando Valencia

Participan desde Buenos Aries (Argentina)  el poeta Juan Gómez, desde La Paz Bolivia Carlos Idrobo y desde Sidney (Australia) Carlos Cuéllar.


contactos:
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Publicado por PRENSAMOVIELAB / Encuéntrenos en Twítter como ZINETICA

Sección zinética


Edición  Junio - Julio  de 2012


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2012

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